Masacre en el pabellón séptimo
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Masacre en el pabellón séptimo

Con la presencia de su autora Claudia Cesaroni, Hugo Cardozo, sobreviviente de la masacre, y Esteban Rodríguez, abogado y Magister en Ciencias Sociales, se presentó en el Museo de Arte de la CPM el libro “Masacre en el pabellón séptimo”.

 

Sobre “Masacre en el pabellón séptimo”

El 14 de marzo de 1978 murieron quemadas, asfixiadas y/o con balazos en la cabeza, más de 65 personas en el Pabellón 7 de la Unidad 2 de Devoto. Lo que se llamó “motín de los colchones”. Las torturas y asesinatos cometidos a los presos comunes durante la dictadura, incluyendo la masacre del 14 de marzo de 1978, quedaron impunes. Los únicos imputados de esa masacre fueron los propios presos sobrevivientes, como suele pasar en la mayoría de los mal llamados “motines”. Daniel Barberis, que estaba preso en Devoto ese 14 de marzo, pero en otro pabellón, escribió también sobre aquel día, en un libro que se llamó “Los derechos humanos en el otro país”. Ambos relataron hechos que, en sustancia, son los mismos que sufrieron durante la dictadura miles de presos políticos y desaparecidos en cárceles y centros clandestinos de detención, y por los que se están realizando los juicios de lesa humanidad. La única diferencia, lo único que distingue a aquellos más de 65 muertos asfixiados, quemados y baleados, es que eran presos “comunes”. Estaban en ese pabellón por cometer pequeños delitos. Algunos pensamos que sí fue un delito de lesa humanidad, y que es necesario reabrir esa causa, buscar a los responsables, juzgarlos y condenarlos, y recordar a las víctimas. Creemos que hay que hacerlo para que se pueda revisar un aspecto del terrorismo de Estado que se ejecutó sobre toda una población

Es necesario construir un puente entre las violaciones de derechos humanos del pasado y las del presente. Porque no es lo mismo, por supuesto, una dictadura feroz que una democracia imperfecta. Pero es preciso entender, de una vez, que el dolor de la carne lacerada es el mismo.

Carlos “el indio” Solari, dijo en el último recital: “Para quienes tengan el hábito de la lectura, ha sacado un libro una escritora que se llama Claudia Cesaroni, estaría bueno leer sobre la masacre del 78 en el pabellón séptimo de Devoto. Aquellos que tengan el hábito de leer, cómprenlo, léanlo y se enterarán de las verdaderas razones de la masacre que hubo allí”.

Entrevista con Claudia Cesaroni

¿Por qué este libro 35 años después de los hechos?

Este libro no es el primero, hubo otros. Nosotros esperamos que este libro sea un tributo a esas primeras denuncias que aparecieron. Hay un libro de Elías Neuman del año 85, Crónicas de muertes silenciadas, y otro de Daniel Barberis, en el año 87, Los derechos humanos en el otro país. A partir del libro de Neuman, el Indio (Solari) escribe Pabellón Séptimo. Que se llama Pabellón séptimo, relato de Horacio, porque justamente Neuman transcribe el testimonio de un cliente suyo, que era Horacio, que sobrevivió a la masacre, y otro cliente suyo, Pablo, que murió.

Cuando leí esos libros hace muchos años, siempre me pregunté cómo era posible que esos casos no se juzgaran como delitos de lesa humanidad, que no se investigaran en el marco de las investigaciones que se hacían sobre las diversas masacres que hizo el terrorismo de estado, y esto no aparecía; como que no existía. Y mucho tiempo después me encontré un poco casualmente –aunque nunca nada es demasiado casual – con uno de los sobrevivientes que es Hugo Cardozo. Él vive en La Plata y en el año 2008, a los 30 años de la masacre, le hicieron un reportaje en el Diario Hoy. Yo lo leí y guardé esa nota pensando que había que hacer algo. Hace dos años me lo encontré también un poco casualmente y gracias a facebook y a una película que se llama El túnel de los huesos; ambos nos interesamos por la película, porque tiene la hipótesis de que en Devoto hay huesos que pertenecerían a posibles víctimas de la dictadura.

¿Qué trae de nuevo el libro de ustedes?

En primer lugar los otros libros no tuvieron acceso a la causa judicial. Nosotros conseguimos la causa y la causa es fuente de innumerables líneas, primero para analizar cómo se comportó la dictadura frente a este hecho y cómo se comportaron algunos funcionarios judiciales muy notables. Por ejemplo el caso de Guillermo Rivarola que también intervino en la masacre de los palotinos para encubrirla. O el fiscal federal que interviene y nada hace en la masacre del pabellón séptimo, que es Julio César Strassera. O el juez que manda a archivar la causa que es Jorge Varela Aráoz que luego intervino en la Cámara Federal que condenó a las Juntas militares y que hoy es uno de los defensores de Pedro Blaquier. O el secretario del juzgado de Rivarola que es Enrique Guanziroli, que hoy es camarista federal en Comodoro Rivadavia; ninguna de esas personas pudo ver en esto ni siquiera un caso de violación de derechos humanos o un delito. No hay nadie imputado, no se llamó a testigos que habían dicho públicamente que habían escuchado disparos. Nosotros creemos que lo que aportamos de nuevo es que pensamos esto, que pasó a la historia como un motín, fue en realidad una masacre. Y en esos términos, en ese lugar, plantearlo como una gravísima violación de los derechos humanos y discutir la consiguiente obligación que tiene el estado de investigarla, reparar a las víctimas y evitar que se repita. Por eso queremos analizar este caso pero traerlo al presente. Y analizar y ver otras situaciones que se definen como motines y son masacres: Magdalena, penal de varones de Santiago del Estero y tantos otros casos similares.

Continuidades en el presente…

Exactamente, exactamente. Esta construcción de la realidad penitenciaria –de la misma manera que hay causas armadas fuera del ámbito penitenciario, que construye la policía y una parte del aparato judicial- al interior de las situaciones de encierro, cotidianamente se arman causas. En situaciones gravísimas como ésta, y en otras, que parecen menos graves pero que también son importantes como cuando se arma una sanción a un preso, que es como armar un pequeño delito que a un preso le puede significar por ejemplo ser trasladado a una cárcel más rigurosa, o prohibirle visitas o bajarle las calificaciones y por lo tanto alargarle la pena…y esto se ve poco porque está tras los muros de las cárceles.

¿Ustedes hicieron una presentación ante el juez Daniel Rafecas para que este hecho se considere delito de lesa humanidad?

Sí. Nosotros nos presentamos el 25 de marzo de este año pidiendo esto y todavía no tenemos ninguna respuesta. Nosotros no tenemos dudas de que configura un delito de lesa humanidad más allá de la calificación jurídica; lo que queremos es que la justicia democrática vea, mire esta causa, mire lo que nosotros vimos e investigue. Mientras estoy hablando con vos me escribe un familiar de otra víctima…se han comunicado desde que publicamos el libro cinco sobrevivientes que no conocíamos, familiares que jamás tuvieron una respuesta acerca de qué pasó. Los llamaron, les dijeron vengan a reconocer este cadáver y punto.

¿Y qué expectativas tienen de que esto prospere?

Es una pelea. Nosotros vamos a dar pelea. Estamos esperando, no sabemos qué va a decir el juez Rafecas, pero por lo menos tiene que correr vista al fiscal, tiene que convocar a testigos que aparecen, a familiares, a los sobrevivientes, revisar las autopsias porque hay muchas denuncias de que hay personas muertas con disparos de armas de fuego y eso no aparece en la causa…Hay que hacer un relevamiento en la propia Unidad 2, en Devoto, porque algunas personas dicen que puede haber todavía restos en la propia cárcel. Hay muchas cosas para hacer, muchas medidas para tomar. Nosotros vamos a reclamar que se tomen y si la respuesta es negativa iremos subiendo por el aparato judicial y si no hay respuesta en nuestro país iremos al sistema interamericano pero durante todo este proceso lo que queremos es que se hable de esta causa y de todas las otras que se le asemejan.

En ese sentido creen que el libro puede ser una ventana a mirar detrás del muro…

Totalmente, está pensado exactamente desde ese lugar. De mirar y tratar de mirar de otra manera lo que vemos. Eso que se miró y se vio como un motín escribirlo como lo que fue. Nosotros entendemos que fue una masacre brutal. Y en un solo hecho uno de los más brutales de la dictadura.

 

 

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